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Zidane empieza una nueva temporada desde el inicio. Que se repita la historia.

10 enero 2021

El Madrid de Xavi Hernández


Osasuna 0 - Real Madrid 0

     Xavi Hernández, centrocampista del Barca, jardinero cum laude y defensor de la más preclara ortodoxia futbolística hubiera estado contentísimo del partido que hizo el Real Madrid en Pamplona contra Osasuna. Ante el mal resultado, hubiera esgrimido en primer lugar el estado del campo de juego. Congelado en algún sitio, poco apto para la práctica de un fútbol de alta escuela como el que se preciaba de jugar.

 

En segundo lugar, pues siempre fue pródigo en excusar los malos resultados, hubiera dicho que la posesión y el control del partido fue totalmente suyo. Nunca hubiera tenido en cuenta la estadística de tiros a puerta y si hubiera exhibido entusiastamente la de pases, posesión y la ingratitud del resultado pese a sus enormes merecimientos.

 

Fue el del Osasuna, un partido típico del equipo del tikitaka, posesión, control, detalles técnicos exquisitos, bajo porcentaje de error …………… Pero era el Madrid el que jugaba y esto, para mí, ni es suficiente ni explicable ni justificable. Me pareció un reflejo de todos los partidos que ha jugado el Madrid en todos los pinchazos de lo que llevamos de temporada. Un partido más sin hacer gala del espíritu blanco. El Madrid puede perder o empatar, claro que si, pero nunca tras un ejercicio plácido de toquecitos inanes, de conducciones eternas y de taconcitos que fueron el mejor ejemplo de la placidez del partido.

 

Creo recordar que en el minuto 60 el Madrid había hecho una sola falta. Al final 3 faltas, 3. No sé a ustedes, pero a mí esa estadística me huele a cuerno quemado. No es posible que en todo el partido el Madrid no hubiera sido capaz, durante al menos unos instantes, de meter un par de marchas más que hubieran hecho temblar al Osasuna. Nunca vi a los rojillos con cara de susto. Y el Madrid ha de buscar que los ojos de los rivales sean como los de la liebre cuando ve los faros. Siempre. Un achuchón, un gesto de rabia, tres faltas seguidas presionando, algo que te saque del muermo de un partido desangelado.

 

Zidane estuvo como el campo, espeso, congelado y desangelado. Sus cambios fueron para mí inexplicables, no contribuyeron a un mejor juego y siguió sin agotarlos. En su debe debemos contar su beneplácito a que durante muchos minutos, demasiados, Ramos persiguiera su segundo sueño más preciado: ser delantero centro (el primero es renovar por tres años con más pasta que Messi).

 

Y de las eternas conducciones, ruletas, pisaditas y rondos de Isco, ya no me pronuncio. Sigue siendo inexplicablemente protegido por Zidane. Como decía ayer acertadamente mi amigo Manolo Matamoros " Me gusta que saquen en la tele a cámara lenta los recursos de Isco para dejar todo como estaba antes de los recursos de Isco. En fin... ".

Del viaje, estado del campo y demás zarandajas no me preocupo, pues excedería de lo pretendido en el post.

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