
Si no hubiera sido porque los yanquis son unas malas bestias en lo físico y magníficos jugadores, además de contar con alguna ayudita arbitral, el oro era nuestro. No lo es pero sabe como si lo fuera.
Cierro con el homenaje de esta página al mejor jugador español del torneo olímpico: Rudy Fernández. El rompió los partidos de semifinales y la final. En la retina siempre me quedará un triple estratosférico a los lituanos y el machacón en las narices de un pivot negro enorme (Howard). Grandioso.
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