Acaba el año y es
costumbre hacer balance de lo acontecido, de lo bueno y lo malo, a la vez que
hacemos votos por mejorar el futuro. La revista Time ha nombrado personaje del
Año 2016 a Donald Trump, ellos sabrán, yo no entiendo que se elija a alguien
que aún no ha empezado su tarea y, por ende, aún no se conocen sus frutos.
Lo que si tengo claro es
que en el ámbito futbolístico, al que está dirigido este blog, Zinedine Zidane
es sin duda el personaje del Año 2016. De él si conocemos sus dulces frutos. Llegó
a primeros de enero con su terno azul celeste, inapropiado para la ocasión,
escudado tras su eterna sonrisa, entre tímida y socarrona, que nunca me acabaré
de decidir. En aquel momento se pedía, ríanse ustedes, la dimisión de Florentino,
el Real Madrid acababa de ser goleado de nuevo en casa por el Barca y la Liga
se antojaba más imposible que ver a Florentino vestido de marrón. De la
Champions, of course, ni se hablaba, claro.
De las faltas de respeto
que mediocridades mediáticas han escrito sobre él, me remito para abreviar a la
cortinilla de presentación del podcast El Radio de Richard Dees. Ahí,
condensada la bilis, se puede apreciar en menos de un minuto con cuanta
insensatez y desvergüenza adoban hoy espacios pretendidamente serios de
análisis deportivo. Pero él, inmune a todo, guarnecido tras su sonrisa y su
enorme prestigio, se hizo con el equipo, amansó a las fieras amotinadas del
vestuario y, tacita a tacita, alineación a alineación, fue derrumbando muro
tras muro hasta alcanzar la Undécima.
Hoy presenta cifras
históricas. Nadie puede presumir de haber ganado en su primer año los tres
títulos internacionales más prestigiosos. Nadie puede alardear de haber perdido
sólo dos partidos en un año. Nadie. ¿Y cómo lo explican los eruditos y oráculos
mediáticos? Haciendo honor a su nivel intelectual, con una sola palabra: flor.
Para eso en mi pueblo tenemos un refrán: "Al saber, le llaman
suerte."
Da igual. Yo sólo pido que
2017 sea futbolísticamente, al menos, como 2016. Y que la sonrisa de Zizou no
se apague nunca. Su sonrisa nos señala el camino.
Hala Madrid.
Feliz y blanco
2017.
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